La Puta Verdad - Ediciones Continente
Recientemente se ha editado mi segundo libro, La puta verdad. Aquí un extracto del prólogo realizado por el poeta y amigo Luis Antonio de Villena.
Ave soul - Jorge Pimentel

Cuando una mañana de agosto bajaba por una calle
y tú subías por la misma calle
te conocí y nos miramos y nos hicimos hermanos.
Pronto la poesía humedeció nuestros corazones
extranjeros —lumpen— marginales para esta sociedad
que nos vio en hogares distintos
despeñándonos en las propias narices
de nuestros padres a un fondo insalvable
de cuya profundidad sólo saldríamos convertidos
en poetas.
Y eras una figura que los surrealistas
dejaron olvidada detrás de la puerta
y en el periplo de tu existencia la soledad
fue aquel parque que en la niñez uno rehusó ir
¡sabe Dios por qué!
Pero tú duermes con el rostro pegado a una pared
de un cuarto oscuro
en tu cama de palo
palo de rosa
palo de escoba
rodando con el alma de la mariposa
bellísima que quisiste poseer.
Y a tu costado la presencia de un asma incurable
que por sus características sobra ribetes de angustia
y admiro tu fortaleza de voces vastas y brillantes
claras, tan claras
que no necesitabas hablar.
A las dos de la mañana desaparecías
¿pero a dónde ibas?
A seguir caminando
a seguir dejando rastros confusos
en todos los bares
en todos los parques
en las estaciones de policía
en los recitales
que nosotros mismos organizábamos.
La lluvia quemó los puentes y los andamios
por donde pasarías derechito al sol.
Toda la leche malograda que bebiste
de los vendedores ambulantes.
Todos los panes con huevo podrido que consumiste
donde jamás hubo el saludo que se le da
a los que regresan victoriosos.
Y un día íbamos a vender unos libros usados
porque necesitábamos dinero para tantas cosas
y en el trayecto nerviosamente me dijiste
—que qué hacía— y yo te pregunté —por qué—
y tú me contestaste —se me está acabando el cigarro—
Rodaste con el torso desnudo
pero medio pelo te bastó
para demostrar tu hombría.
Las mujeres han tatuado nuestros cuerpos
con cerdas antiquísimas
y han bordado con flores
tu mejor camisa.
Los hombres te aman al igual
que amarían a sus mujeres
y a sus hijos.
Sólo nos resta decirle al mundo
que nos conjugaremos en ese verbo
ser y estar y luchar
para alcanzar la belleza de ese árbol
que no paró de crecer
cósmico como la fuente
de aquella plaza
donde brotaban
las palomas.
Poema IX de Una educación sentimental - Manuel Vázquez Montalbán

Nunca desayunaré en Tiffany
ese licor fresa en ese vaso
Modigliani como tu garganta
nunca
aunque sepa los caminos
llegaré
a ese lugar del que nunca quiera
regresar
una fotografía, quizás
una sonrisa enorme como una ciudad
atardecida, malva el asfalto, aire
que viene del mar
y el barman
nos sirve un ángel blanco, aunque
sepa los caminos nunca encontraré
esa barra infinita de Tiffany
el jukebox
donde late el último Modugno ad
un attimo d’amore che mai più ritornerà
y quizá todo sea mejor así, esperado
porque al llegar no puedes volver
a Ítaca, lejana y sola, ya no tan sola,
ya paisaje que habitas y usurpas
nunca,
nunca quiero desayunar en Tiffany, nunca
quiero llegar a Ítaca aunque sepa los caminos
lejana y sola.
Frank O´Hara - Lana Turner ha sufrido un colapso

¡Lana Turner ha sufrido un colapso!
Yo estaba trotando y de pronto
empezó a llover y a nevar
y vos dijiste que caía granizo
pero el granizo te pega en la cabeza
fuerte, así que en realidad nevaba y
llovía y yo iba con tanto apuro
para encontrarme con vos pero el tránsito
actuaba exactamente igual que el cielo
y de pronto veo el titular
¡LANA TURNER HA SUFRIDO UN COLAPSO!
No hay nieve en Hollywood
No hay lluvia en California
yo he ido a un montón de fiestas
y he actuado de un modo por completo vergonzoso
pero jamás he sufrido un colapso
Oh Lana Turner te amamos levantáte
Anarquía - Carlos Oliva

Sobre estas calles donde el amor es una palabra que no se ve
por ningún lado
descubrí un estado de ánimo tan bello
como una flor amarilla en la noche: Anarquía
tuve que elevarme sobre ese amanecer
y dar pasos tan bellos como un triunfal Nureyev
tuve que desgarrar mi corazón sobre el asfalto
beber alcohol en la noche
gemir sobre un cuerpo que también gemía
mi conciencia fue el diamante que cortó las olas
de un mar infernal dibujado en la memoria:
demonios como ángeles esculpidos en piedras preciosas
fuego tallado en rubíes sangrientos
cuadros extraídos de alguna desvariación de Dalí:
yo tengo la voz de los años perdidos
la poesía es una actitud integral y en primavera nacen versos
como niños precoces de esta época velocísima
tus espacios servirán para contener los desbordes
de mi imaginación que fluye a borbotones en la sangre
de mi herida abierta a tu eternidad ¡oh poesía! eres cordillera de frutos
tecnología de una estética burilada en la memoria
pasión
desvelo cólera
tiempo
pues cada verso tiene su pasado su presente y su futuro
cada verso trae recuerdos emoción ilusiones que agobian
mis huesos robados como una fruta al pasado
y el pasado es el recuerdo de una muchacha a la que amé
con desequilibrio
con lucidez psicótica en las noches que Atenea
cuando se desnudaba
inteligencia y sabiduría de un cuerpo amado como un poema
que aún no he escrito.
Iré pues en busca de ese verso infinito
iré como una radiación sobre esta noche tan agitada
como un burdel para ricos donde se inician bellas adolescentes:
hay que destruir todo
yo sólo puedo enunciar estos versos sobre el silencio
porque el recital perfecto lo encuentro en soledad
sin más auditorio que mis imágenes aferrándose al presente
donde los años aciagos resisten los impulsos de las aguas
de estos océanos procelosos de los cuales emerjo yo tan puro
como un dinosaurio que sobrevive al pasado.
Datzibao - Enrique Verastegui

De pronto perdí todo contacto contigo.
Ya no pude llegar al teléfono, recordar ese número y llegar a tu casa que no conocí.
Ya no pude volar sobre ti como todos los días a las tres de la tarde estas pobres alas no dieron más
y aquí me tienes ideando estas líneas que reflejan mis ojos cansados de ir caminando con la mente y las manos repletas de yerba.
Yo fui el primer sorprendido.
La extrañeza de ser dos aves hurgándose el pecho y corriendo uno detrás del otro entre las matas y bancas del parque.
y éramos arrojados fuera de nosotros mismos y por esto fue que conocí tu ciudad
y me apreté contra ti buscando desesperadamente encontrarme en tus ojos y amé todas tus cosas
y tu mirada angustiada y esa seriedad para responderme a ciertas preguntas y cuestiones que nos diferenciaron para siem- pre de las personas nacidas antes de 1950
tu maravilloso instinto agresivo desarrollado contra los males del tiempo y portándote como en la más furiosa embestida
en la batalla por un lugar en el taxi que nos alejó miles de cuadras más cerca de la pasión de la vida
hoy miércoles y no otro día.
Porque ya es hora de ir poniendo las cosas en claro y más que nada empezar a ser uno mismo
un solo obstinado bloque de rabia.
tú por todo lo que para mí reflejabas lo más claro eres mi sopor antes de echarte a gritar por estos sitios malditos
aún después de haber transformado esa palabrita bestialmente lúcida en una flor obsesiva
que yo no quiero acariciar ni comprender el suicidio mi amiga es una espera maldita.
como puede ser aguantarnos un par de horas más en el parque en medio de un viento furioso que pugna por arrancar de raíz lo más nuestro de nosotros
y tú junto a mí convertida en mi aliento escuchándote aprendiendo de ti a la Molina no voy más esa canción negra arde en mi pecho, me aplasta, levanta, avienta a decir no contra todo.
Cada uno recuerda su primera caída.
Cada uno recuerda paso por paso los pasos que fue dando y los que no dio porque en uno mismo está el propio enemigo.
Y yo me levanto para luchar contra mí - y me tengo miedo.
Lo perfecto consiste en desabotonarnos el torso mientras vamos sal- vajemente penetrando en esta selva de arenas movedizas
y tu vida o mi vida no ruedan como esas naranjas plásticas que eludimos porque tú y yo somos carne
y nada más que un fuego incendiando este verano.
La vida se abre como un sexo caliente bajo el roce de dedos reven- tando millares de hojas tiernas y húmedas,
y no dijimos nada pero exigíamos a gritos destruir la ciudad, esta ciudad ese monstruo sombrío escapado de la mitología
devorador de sueños.
Y el musgo creció como un verso clarísimo en tus ojos.
tú querías leer mis poemas aferrarte a ese instante de dulzura don- de jamás hubo límites entre uno y otro ser
y fuiste sólo una muchacha que pasó por mis ojos silenciosamente pegada a mí a mi secreta manera de enredarme en las cosas de explicar un mundo indeciso sembrado con piedras
yo que creí que nada era nada en cualquier lugar de este mundo
y de pronto me di con tus sueños como con un golpe de mar sobre el rostro
y luego adiós porque todo y nada puede explicarse en el amor y porque todo y nada se explica en nosotros y con nosotros.
Llueve - Eugenio Montale

Llueve. Es un gotear
sin ruidos.
de motonetas o gritos
de niños.
Llueve
desde un cielo que no tiene nubes.
Llueve
sobre la nada que se hace
en estas horas de huelga general.
Llueve
sobre tu tumba
en San Felice
a Ema
y la tierra no tiembla
porque no hay terremoto
ni guerra.
Llueve
no sobre la fábula hermosa
de lejanas estaciones,
sino sobre el aviso
impositivo,
llueve sobre los huesos de Jibia
y sobre el comedero nacional.
Llueve
sobre la Gaceta Oficial
aquí desde el balcón abierto,
llueve sobre el Parlamento,
llueve sobre vía Solferino,
llueve sin que el viento
mueva los papeles.
Llueve en ausencia de Hermión
si dios quiere,
llueve porque la ausencia
es universal
y si la tierra no tiembla
es porque Arcetri a ella
no se lo ordenó.
Llueve sobre los nuevos epistemas
del primate en dos pies,
sobre el hombre endiosado, sobre el cielo
hominizado, sobre la cara
de los teólogos en mono
o en paludamento,
llueve sobre el progreso
de la contestación,
llueve sobre los works in progress,
llueve
sobre los cipreses enfermos
del cementerio, gotea
sobre la opinión pública.
Llueve, mas donde apareces
no hay agua ni atmósfera,
llueve porque si no estás
es sólo la ausencia
y puede ahogar.
Birds in the night - Luis Cernuda

El gobierno francés, ¿o fue el gobierno inglés?, puso una lápida
En esa casa de 8 Great College Street, Camden Town, Londres,
Adonde en una habitación Rimbaud y Verlaine, rara pareja,
Vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron,
Durante algunas breves semanas tormentosas.
Al acto inaugural asistieron sin duda embajador y alcalde,
Todos aquellos que fueran enemigos de Verlaine y Rimbaud cuando vivían.
La casa es triste y pobre, como el barrio,
Con la tristeza sórdida que va con lo que es pobre,
No la tristeza funeral de lo que es rico sin espíritu.
Cuando la tarde cae, como en el tiempo de ellos,
Sobre su acera, húmedo y gris el aire, un organillo
Suena, y los vecinos, de vuelta del trabajo,
Bailan unos, los jóvenes, los otros van a la taberna.
Corta fue la amistad singular de Verlaine el borracho
Y de Rimbaud el golfo, querellándose largamente.
Mas podemos pensar que acaso un buen instante
Hubo para los dos, al menos si recordaba cada uno
Que dejaron atrás la madre inaguantable y la aburrida esposa.
Pero la libertad no es de este mundo, y los libertos,
En ruptura con todo, tuvieron que pagarla a precio alto.
Sí, estuvieron ahí, la lápida lo dice, tras el muro,
Presos de su destino: la amistad imposible, la amargura
De la separación, el escándalo luego; y para éste
El proceso, la cárcel por dos años, gracias a sus costumbres
Que sociedad y ley condenan, hoy al menos; para aquél a solas
Errar desde un rincón a otro de la tierra,
Huyendo a nuestro mundo y su progreso renombrado.
El silencio del uno y la locuacidad banal del otro
Se compensaron. Rimbaud rechazó la mano que oprimía
Su vida; Verlaine la besa, aceptando su castigo.
Uno arrastra en el cinto el oro que ha ganado; el otro
Lo malgasta en ajenjo y mujerzuelas. Pero ambos
En entredicho siempre de las autoridades, de la gente
Que con trabajo ajeno se enriquece y triunfa.
Entonces hasta la negra prostituta tenía derecho de insultarles;
Hoy, como el tiempo ha pasado, como pasa en el mundo,
Vida al margen de todo, sodomía, borrachera, versos escarnecidos,
Ya no importan en ellos, y Francia usa de ambos nombres y ambas obras
Para mayor gloria de Francia y su arte lógico.
Sus actos y sus pasos se investigan, dando al público
Detalles íntimos de sus vidas. Nadie se asusta ahora, ni protesta.
"¿Verlaine? Vaya, amigo mío, un sátiro, un verdadero sátiro.
Cuando de la mujer se trata; bien normal era el hombre,
Igual que usted y que yo. ¿Rimbaud? Católico sincero, como está demostrado."
Y se recitan trozos del “Barco Ebrio” y del soneto a las “Vocales”.
Mas de Verlaine no se recita nada, porque no está de moda
Como el otro, del que se lanzan textos falsos en edición de lujo;
Poetas mozos de todos los países hablan mucho de él en sus provincias.
¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?
Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable
Para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella,
Como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita
Acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó uno
Que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así cortársela.
Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y aplastarla.
Jorge Pimentel - Balada para un caballo

Por estas calles camino yo y todos los que humanamente caminan
por esencia me siento un completo animal, un caballo salvaje
que trota por la ciudad alocadamente sudoroso que va pensando
muy triste en ti muy dulce en ti, mis cascos dan contra
el cemento de las calles. Troto y todo el mundo trata
de cercarme, me lanzan piedras y me lanzan sogas
por el cuello, sogas por las patas, me tienden toda clase
de trampas, en un laberinto endemoniado donde los hombres
arman expediciones para darme caza armados de perros policías
y con linternas, y cuando esto sucede mis venas se hinchan
y parto a la carrera a una velocidad jamás igualada
por los hombres, vuelo en el viento y vuelo en el polvo.
Visiones maravillosas aparecen ante mis ojos. Y vuelo
y vuelo. Mis extremidades delanteras ejercen presión
sobre las traseras y paralelamente y aun mismo ritmo
antes de asentase en el polvo retumban en la tierra.
Relincho. Y mi cuerpo va tomando una hermosísima elasticidad
me crecen pelos en el pecho y es un pasto rumoroso
el que se ondea y es una música y es un torbellino
de presiones que avanzan y retroceden en mi vuelo. Atrás
van quedando millares de kilómetros y sigo libre. Libre
en estos bosques dormidos que despierto con el sonido
de mis cascos. Piso la mala hierba y riego mis orines
calientes, hirviendo en una como especie de arenilla.
Descanso a mis anchas, bebo el agua de los ríos, muerdo hierba
tallos, rumio. Mis mandíbulas se ejercitan. Muevo mi larga cola
espantando a los mosquitos. Los guardacaballos vigilan
desde la copa de los árboles. Caen las hojas secas.
Los días se suceden y suelo dar suaves galopes hacia la vida.
En invierno los senderos se hacen tortuosos; el fango todo lo invade.
Para el frío utilizo cabañas abandonadas, cuevas en los cerros
que me resguarden de las tormentas. Yo observo la lluvia
desde mi cueva. Cae la lluvia y todo lo moja. Con este tiempo
suelo galopar poco cuidándome de un desgarramiento.
Muchas veces me siento solo y llego hasta los helechos
de los ríos para pensar muy dulce en ti muy triste en ti
y voy galopando bordeando el río añorando alguna yegua
que llegó a correr en pareja conmigo. A veces los niños
que vagan sueltos por las campiñas mientras sus padres
realizan tareas de recolección o labranza me montan a pelo
y solemos recorrer ciertas distancias, ganando los años,
aumentándolos. De ellos sí recibo algún trozo de azúcar.
En el verano el sol se pone rojo y se hace presente con su alegría
y los habitantes de los bosques y campos suelen saludarme
con el sombrero y con la mano. Yo les contesto con un relincho
parándome en dos patas. Y con la luz solar que todo lo invade
suelo dar galopes hacia la vida. Allí
donde mi presencia es esperada me hago realidad.
Allí donde ni un sueño se revela me hago realidad
me hago realidad en esos ojos que están cansados
de ver las mismas cosas. Y es en verano cuando la vida
se enciende y mis cascos recogen la hermosura de la tarde
y asciendo a las cumbres donde diviso extensiones
de mar de cielo de tierra.
Mi figura domina la naturaleza.
Cruza por el cielo un escuadrón de tórtolas.
Cae la noche.
Mi sombra se recobra.
Las ramas crujen.
Y por un instante pensé muy triste en ti muy dulce en ti.
Cae la noche en estos bosques, pareciera que la tierra
se difunde con la noche se propaga se manifiesta.
Y toda la noche he ido creciendo. Y crecía y crecía
aún más aún más ¿hasta dónde crecerás?
¿No tienes miedo? No, contesté. Soy libre.
El día, el nuevo día como algo fresco se anuncia solo.
Por esta época del año suelen cruzar manadas
de caballos ahuyentados y en busca de nuevos campos.
Recuerdo que logré darles alcance y me contaron
que lograron salvarse de una cacería emprendida
contra ellos para mandarlos a vivir a un potrero
y que luego de ser sometidos al cubo de agua
y a la alfalfa son obligados en los hipódromos
a correr distancias de 1,000, 2,500, 5,000 mts.
y no eres libre de correr sino que te dopan te colocan
descargas eléctricas, te manosean, te latigan
con una fusta despellejándote. Y así durante
un buen tiempo mientras ves acumuladas alforjas
de oro y plata. Hasta que llegue el momento de ser
sometido a la reproducción arrinconándote a una yegua
a la vista y paciencia de todos, sin intimidad
en una mañana de tinieblas y poca luz y luego
te separarán de tu yegua y potranco y pasarás
tus años inmisericorde como padrillo viejo y cuando
manques te dispararán un balazo en la sien. Ya
había galopado un buen trecho con la manada
que huía despavorida y me dijeron que probablemente
para el invierno pasarían por aquí para ir más
al norte. Y se alejaron a la carrera. Yo sabía
lo que le sucede a un caballo en la ciudad. Y
por ello me mantengo alejado de ella. Pero a veces
me interno y sucede lo que tiene que suceder. Pero si yo
me rebelo y persisto y amo terriblemente mis posibilidades
de realizarme en un medio donde la civilización se mata
y permanecen odios, prefijo ser caballo. Mojaré
la tierra con mis orines calientes hirviendo con estas ganas
inmensas de vivir y me uniré a las manadas para galopar
hacia la vida, para mantenernos unidos y vencer,
para no estar solos, para volvernos verdes-azules-amarillos
anaranjados-rojos y trotar hacia el nuevo aire fresco
y el campo sin límites.
Seré libre así y al menos mis guardacaballos cuidarán de mí
y de mi yegua
y de mi potranco.
(De Ave soul, Barcelona 1973)
Il Sodoma - Luis Antonio de Villena

Sólo la calle me hace falta.
En cualquier acera hallo la Biblia.
El ángel que detiene la mano
de Abraham, o el San Juan joven
que predica en el desierto:
Jordán sus labios y palmeras tiernas.
Lo que pinto, por eso, semeja
otra cosa. Pero es la calle sólo,
la realidad absoluta de este reino.
Todo lo demás es decorado,
simplemente pretexto. Lo que yo
amo, sobre todo, es la vida, el mundo,
la juventud irrepetible, el momento
de la gracia, cruel y transitorio.
Poco me importa que ciertos familiares
no me saluden. O que de mí se diga
que bebo muchas tardes con mozos
de cuerda y pajes que se bañan
en el Tíber. ¡Amo tanto la realidad,
amigo mío, que todos creen que son
fábulas lo que pinto! Sebastián
muriente, o la Troya desolada
de la que huye el crinado Eneas.
Pero no hay nada de eso. Ojos
vistos al azar, cuerpos que amo
en una tarde. Cinturas breves
que arden como la ciudad aquella.
Soy un ladrón de realidad
y creo bien que todo arte es rapto.
Por eso importa más el vivir,
finalmente. Y de una u otra manera,
el artista, señor, es delincuente.
Father and Son - Cat Stevens (Youssef Islam)

No es tiempo para hacer un cambio,
Simplemente relájate, tómalo con calma.
Todavía eres muy joven, ese es tu fallo.
Hay tanto que tienes que saber.
Encuentra una chica, sienta cabeza,
si quieres que puedes casarte.
Míreme, yo soy viejo, pero soy feliz.
Yo fui como tu eres ahora, y sé que no es fácil,
Con tranquilidad puedes encontrar lo que buscas.
Pero toma tu tiempo, piensa mucho,
piensa en todo lo que tienes.
Por ti estas cosas estarán aquí mañana, pero puede que tus sueños ya no.
¿Cómo puedo explicarle?, cuando yo hago algo y él lo rechaza de nuevo.
Siempre es lo mismo, la misma vieja historia.
Desde el momento en que pude hablar se me ordenó que escuchara
Ahora hay un camino y sé que tengo que marcharme.
Yo sé que me tengo que ir.
No es tiempo para hacer un cambio,
Simplemente siéntate, tómalo con calma.
Todavía eres muy joven, y eso juega en tu contra,
Hay muchas cosas que debes vivir.
Encuentra a una muchacha, sienta cabeza,
si quieres puedes cásate.
Míreme, yo soy viejo, pero estoy contento.
Todas las veces que lloré
guardando todas las cosas que llevo dentro,
Y es duro, pero es más difícil
ignorarlo.
Si ellos tuvieran razón, yo estaría de acuerdo,
pero es a ellos a quien conocen y no a mí.
Ahora hay un camino y sé
que tengo que marcharme.
Yo sé que me tengo que ir
River - Joni Mitchell

Está llegando la Navidad
están talando los árboles
están construyendo trineos
y cantando canciones de gozo y paz
Deseo tener un río,
poder patinar sobre él.
Ahora no nieva aquí
permanece un hermoso verdor
Yo haré una fuente de riqueza
y saldré de esa loca escena
Deseo tener un río,
poder patinar sobre él.
Deseo tener un río tan largo
enseñaría a mis pies a volar....
Deseo tener un río,
poder patinar sobre él.
La hice llorar
Ella intentó fuertemente ayudarme
me puso tranquilo (a descansar)
y me quiso tan desenfadadamente
hizo doblarme de rodillas,
Deseo tener un río,
poder patinar sobre él.
Soy tan duro en mis decisiones
Soy egoísta , soy deplorable,
y he ido perdiendo la mejor chica que jamás tuve.
Deseo tener un río,
poder patinar sobre él.
Hice que ella me diga Adiós....
Me gusta - Kurt Cobain

Me gusta seguir la carrera de los artistas en sus inicios, cuando luchan por conseguir el éxito. Me gusta el punk. Me gustan las chicas con los ojos raros. Me gustan las drogas (pero ni mi cuerpo ni mi mente me permiten tomarlas). Me gusta la pasión. Me gustan las cosas bien hechas. Me gusta la inocencia. Me gusta la clase obrera y le estoy agradecido por permitir con su existencia que los artistas no tengan que trabajar en empleos de baja categoría. Me gusta nadar. Me gusta estar con mis amigos. Me gusta estar solo. Me gusta sentirme culpable por ser un macho blanco americano. Me encanta dormir. Me gusta llenarme la boca de pipas y escupirlas aquí y allá mientras camino. Me gusta provocar a los perros pequeños que ladran dentro de los coches estacionados. Me gusta hacer sentir a los demás felices y superiores ante mi presencia. Me gusta tener prejuicios contra la gente llena de prejuicios. Me gusta practicar incisiones en el vientre de los bebés para luego joder la herida abierta hasta que el niño muere. Me gusta el consuelo de saber que las mujeres son generalmente superiores y por naturaleza menos violentas que los hombres. Me gusta el consuelo de saber que las mujeres son el único futuro del rock and roll. Me gusta elconsuelo de saber que los afroamericanos han sido la única raza que ha aportado un nuevo estilo de música original a esta década, el hip hop. Me gusta la sinceridad. Carezco de sinceridad. Esto no son opiniones. Esto no son palabras sabias, esto es una exoneración por mi falta de educación, por mi pérdida de inspiración, por mi desconcertante búsqueda de afecto y por la vergüenza instintiva que siento hacia muchos que tienen más o menos mi edad. Ni siquiera es un poema. Sólo es un montón de mierda. Como yo
Viento - Javier Bergia

Cuando la noche se te venga encima como una tonelada,
una flor, un ramo de verduras, un pasado incierto, seguro.
Un futuro abierto, un reloj, un tiempo, soy como tú,
un poco viento.
Cuando el sol entra por tu ventana,
una campana de palomas
te traerán por los sueños del verano
entre la duda y el deseo,
y el calor de julio y el frío en la espalda,
y en la mano la arena,
viento.
Cuando te sientas como un pez perdido
en el mar inmenso de nadie,
una luz titileante, una estrella prometida,
y en la playa una ola vieja,
soñarás con ser una brisa,
viento.
Despertar - Blaise Cendrars

Yo duermo siempre con las ventanas abiertas
Yo dormí
como un hombre solo
Las sirenas a vapor y a aire comprimido
no consiguen despertarme del todo
Esta mañana yo me inclino por la ventana
veo
el cielo
el mar
la estación marítima por la cual
yo arribé de New-York en
1911
La barraca de pilotaje
Y tengo a la izquierda
unas humaredas unas chimeneas unas grúas
unas lámparas de un arco a contraluz
El primer tranvía
Se estremece en la madrugada glacial
Yo tengo demasiado calor
Adiós París
Buenos días sol.
Poema Trece- Enrique Molina

Bien sé cómo es ella, secreta y perversa
como un ángel del bosque, se hunde
en mi sangre, canta en la noche
como un río que corre debajo de las piedras.
Pero lo que invoca, lo que rescata,
está más allá de la piedad de sus besos,
vasto como el sueño, tormentoso
como su cuerpo lascivo.
Lo que se alcanza de sus confesiones
desnuda los deseos, súplicas, un vuelo
hacia cuerpos solares en un cielo mortal.
El viento es tibio en sus cabellos,
en su garganta herida. Todo en ella
es insomne como su latido desdeñoso,
consagrado a las grandes singladuras de Ahab.
Nunca llegará donde la esperas, en una quemadura,
en un altar demente de memorias perdidas
o aves migratorias. Nunca llegará.
Cuando trae la bebida de los náufragos.
Se escurre
entre los grandes secretos de su sueño.
Cartas del obsedido (II) - Reynaldo Sietecase

Necesito la transgresión de tu voz sobre la almohada
el asco de tu madre y los amigos
tus manos en mis nalgas necesito
el escándalo de tu cuerpo arriba de la mesa
el miedo compartido necesito compañera putita
tu forma de arrastrarte y succionarme
necesito el olor de tu piel y los insultos
tu cuello al desgarrar fláccido hueso
necesito el sabor de tu nervio tensado
la blanda herida que ocultas
necesito tu amor tu porquería
la tierna necedad
la muerte que me debes
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