Il Sodoma - Luis Antonio de Villena


Sólo la calle me hace falta.
En cualquier acera hallo la Biblia.
El ángel que detiene la mano
de Abraham, o el San Juan joven
que predica en el desierto:
Jordán sus labios y palmeras tiernas.
Lo que pinto, por eso, semeja
otra cosa. Pero es la calle sólo,
la realidad absoluta de este reino.
Todo lo demás es decorado,
simplemente pretexto. Lo que yo
amo, sobre todo, es la vida, el mundo,
la juventud irrepetible, el momento
de la gracia, cruel y transitorio.
Poco me importa que ciertos familiares
no me saluden. O que de mí se diga
que bebo muchas tardes con mozos
de cuerda y pajes que se bañan
en el Tíber. ¡Amo tanto la realidad,
amigo mío, que todos creen que son
fábulas lo que pinto! Sebastián
muriente, o la Troya desolada
de la que huye el crinado Eneas.
Pero no hay nada de eso. Ojos
vistos al azar, cuerpos que amo
en una tarde. Cinturas breves
que arden como la ciudad aquella.
Soy un ladrón de realidad
y creo bien que todo arte es rapto.
Por eso importa más el vivir,
finalmente. Y de una u otra manera,
el artista, señor, es delincuente.

Father and Son - Cat Stevens (Youssef Islam)


No es tiempo para hacer un cambio,
Simplemente relájate, tómalo con calma.
Todavía eres muy joven, ese es tu fallo.
Hay tanto que tienes que saber.
Encuentra una chica, sienta cabeza,
si quieres que puedes casarte.
Míreme, yo soy viejo, pero soy feliz.

Yo fui como tu eres ahora, y sé que no es fácil,
Con tranquilidad puedes encontrar lo que buscas.
Pero toma tu tiempo, piensa mucho,
piensa en todo lo que tienes.
Por ti estas cosas estarán aquí mañana, pero puede que tus sueños ya no.

¿Cómo puedo explicarle?, cuando yo hago algo y él lo rechaza de nuevo.
Siempre es lo mismo, la misma vieja historia.
Desde el momento en que pude hablar se me ordenó que escuchara
Ahora hay un camino y sé que tengo que marcharme.
Yo sé que me tengo que ir.

No es tiempo para hacer un cambio,
Simplemente siéntate, tómalo con calma.
Todavía eres muy joven, y eso juega en tu contra,
Hay muchas cosas que debes vivir.
Encuentra a una muchacha, sienta cabeza,
si quieres puedes cásate.
Míreme, yo soy viejo, pero estoy contento.

Todas las veces que lloré
guardando todas las cosas que llevo dentro,
Y es duro, pero es más difícil
ignorarlo.
Si ellos tuvieran razón, yo estaría de acuerdo,
pero es a ellos a quien conocen y no a mí.
Ahora hay un camino y sé
que tengo que marcharme.
Yo sé que me tengo que ir

River - Joni Mitchell


Está llegando la Navidad
están talando los árboles
están construyendo trineos
y cantando canciones de gozo y paz

Deseo tener un río,
poder patinar sobre él.

Ahora no nieva aquí
permanece un hermoso verdor
Yo haré una fuente de riqueza
y saldré de esa loca escena

Deseo tener un río,
poder patinar sobre él.

Deseo tener un río tan largo
enseñaría a mis pies a volar....
Deseo tener un río,
poder patinar sobre él.

La hice llorar

Ella intentó fuertemente ayudarme
me puso tranquilo (a descansar)
y me quiso tan desenfadadamente
hizo doblarme de rodillas,

Deseo tener un río,
poder patinar sobre él.

Soy tan duro en mis decisiones
Soy egoísta , soy deplorable,
y he ido perdiendo la mejor chica que jamás tuve.

Deseo tener un río,
poder patinar sobre él.

Hice que ella me diga Adiós....

Woodstock - Joni Mitchell

Me gusta - Kurt Cobain


Me gusta seguir la carrera de los artistas en sus inicios, cuando luchan por conseguir el éxito. Me gusta el punk. Me gustan las chicas con los ojos raros. Me gustan las drogas (pero ni mi cuerpo ni mi mente me permiten tomarlas). Me gusta la pasión. Me gustan las cosas bien hechas. Me gusta la inocencia. Me gusta la clase obrera y le estoy agradecido por permitir con su existencia que los artistas no tengan que trabajar en empleos de baja categoría. Me gusta nadar. Me gusta estar con mis amigos. Me gusta estar solo. Me gusta sentirme culpable por ser un macho blanco americano. Me encanta dormir. Me gusta llenarme la boca de pipas y escupirlas aquí y allá mientras camino. Me gusta provocar a los perros pequeños que ladran dentro de los coches estacionados. Me gusta hacer sentir a los demás felices y superiores ante mi presencia. Me gusta tener prejuicios contra la gente llena de prejuicios. Me gusta practicar incisiones en el vientre de los bebés para luego joder la herida abierta hasta que el niño muere. Me gusta el consuelo de saber que las mujeres son generalmente superiores y por naturaleza menos violentas que los hombres. Me gusta el consuelo de saber que las mujeres son el único futuro del rock and roll. Me gusta elconsuelo de saber que los afroamericanos han sido la única raza que ha aportado un nuevo estilo de música original a esta década, el hip hop. Me gusta la sinceridad. Carezco de sinceridad. Esto no son opiniones. Esto no son palabras sabias, esto es una exoneración por mi falta de educación, por mi pérdida de inspiración, por mi desconcertante búsqueda de afecto y por la vergüenza instintiva que siento hacia muchos que tienen más o menos mi edad. Ni siquiera es un poema. Sólo es un montón de mierda. Como yo

Viento - Javier Bergia


Cuando la noche se te venga encima como una tonelada,
una flor, un ramo de verduras, un pasado incierto, seguro.
Un futuro abierto, un reloj, un tiempo, soy como tú,
un poco viento.
Cuando el sol entra por tu ventana,
una campana de palomas
te traerán por los sueños del verano
entre la duda y el deseo,
y el calor de julio y el frío en la espalda,
y en la mano la arena,
viento.
Cuando te sientas como un pez perdido
en el mar inmenso de nadie,
una luz titileante, una estrella prometida,
y en la playa una ola vieja,
soñarás con ser una brisa,
viento.

Despertar - Blaise Cendrars


Yo duermo siempre con las ventanas abiertas
Yo dormí
como un hombre solo
Las sirenas a vapor y a aire comprimido
no consiguen despertarme del todo
Esta mañana yo me inclino por la ventana
veo
el cielo
el mar
la estación marítima por la cual
yo arribé de New-York en
1911
La barraca de pilotaje
Y tengo a la izquierda
unas humaredas unas chimeneas unas grúas
unas lámparas de un arco a contraluz
El primer tranvía
Se estremece en la madrugada glacial
Yo tengo demasiado calor
Adiós París
Buenos días sol.

Poema Trece- Enrique Molina


Bien sé cómo es ella, secreta y perversa
como un ángel del bosque, se hunde
en mi sangre, canta en la noche
como un río que corre debajo de las piedras.
Pero lo que invoca, lo que rescata,
está más allá de la piedad de sus besos,
vasto como el sueño, tormentoso
como su cuerpo lascivo.
Lo que se alcanza de sus confesiones
desnuda los deseos, súplicas, un vuelo
hacia cuerpos solares en un cielo mortal.
El viento es tibio en sus cabellos,
en su garganta herida. Todo en ella
es insomne como su latido desdeñoso,
consagrado a las grandes singladuras de Ahab.
Nunca llegará donde la esperas, en una quemadura,
en un altar demente de memorias perdidas
o aves migratorias. Nunca llegará.
Cuando trae la bebida de los náufragos.
Se escurre
entre los grandes secretos de su sueño.

Cartas del obsedido (II) - Reynaldo Sietecase


Necesito la transgresión de tu voz sobre la almohada
el asco de tu madre y los amigos
tus manos en mis nalgas necesito
el escándalo de tu cuerpo arriba de la mesa
el miedo compartido necesito compañera putita
tu forma de arrastrarte y succionarme
necesito el olor de tu piel y los insultos
tu cuello al desgarrar fláccido hueso
necesito el sabor de tu nervio tensado
la blanda herida que ocultas
necesito tu amor tu porquería
la tierna necedad
la muerte que me debes

El campesino y la princesa - Luis Alberto de Cuenca


Embrujado jardín.
En un estanque,
desnuda,
te recojo.
Me parece que tengo entre los brazos
otro jardín.

Paseo marítimo - Luis García Montero

Será porque el amor tenía entonces
el color de las lámparas de gas
y yo tan pocos años que miraba
caer en las hamacas
una lenta experiencia de cansado
septiembre.
Era en las tardes últimas.
Sentados sobre el porche veíamos la luz.
Finales de verano por las enredaderas,
en los olivos secos,
las palmeras desnudas de un jardín
donde nada pasaba,
solamente la vida.
Con qué coraje, amor, y qué deprisa
se nos llenó más tarde
de paseos franceses y de farolas viejas.
Y era un tiempo feliz el que vivimos,
según dijeron luego. De mi infancia recuerdo
dos zapatos vacíos y azules en el suelo,
el olor de la casa,
sus ojos y los tuyos que llegaron despacio
igual que aquellos sueños
heridos tibiamente por un lápiz de labios,
carmín desesperado de posguerra.
Crecimos
en la oscura presencia de su risa,
sobre balcones altos y glorietas,
de espaldas al temor, a la miseria
que nos miraba a veces
desdibujadamente
desde la ventanilla del último autobús.
Perdón si os hice trampa
pero pienso que nada queda ya
si no es la huella
de este extraño placer que siento al describiros
(y el viejo tema de nuestra amistad).
Porque no es ya su pelo
y ni siquiera el tuyo que vendría más tarde,
sino algunas mañanas en que fuimos al muelle
y vimos solitarias
las lámparas de gas en las paredes,
los charcos sucios
de lluvia y de petróleo,
el mar, el mismo mar
latiendo en las mamparas,
los adoquines húmedos del puerto.
Allí,
bajo los hierros verdes y las grúas,
yo conocí tus ojos cansados de café.
De mi infancia recuerdo la bruma de los barcos
y una luna deshecha, tatuada en el mar.
Cuando otra vez se posan
en las playas del Cable y El Poniente
las luces o los pájaros,
he regresado aquí.
Quizás por eso tenga
alquilado el recuerdo
igual que una pensión por unas horas
y espero a que regresen los barcos mientras busco
las sandalias doradas de tu juventud
en los papeles viejos
de mi vida que hoy rompo.
Todo me llega débil como un baile lejano.
El mundo tiene a veces sabor de Noche Vieja.
Será porque el amor soñaba entonces
el color de las lámparas de gas
y yo recuerdo ahora
su fría insuficiencia, colgada sobre un mástil
que nos dejó en la tierra.
Entonces,
tal vez tú lo recuerdes,
nos hablaba en voz baja la luz de la ciudad

Contra Jaime Gil de Biedma - Jaime Gil de Biedma



De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

Un largo adiós. Ángel Gonzalez



Un largo adiós. Ángel Gonzalez

Qué perezoso día
que no quiere marcharse
hoy a su hora.
El sol,
ya tras la línea lúcida
del horizonte,
tira de él,
lo reclama.
Pero
los pájaros lo enredan
con su canto
en las ramas más altas,
y una brisa contraria
sostiene en vilo el polvo
dorado de su luz
sobre nosotros.

Sale la luna y sigue siendo el día.
La luz que era de oro ahora es de plata

Me desperté de nuevo... Javier Egea



Me desperté de nuevo
entre dos sombras.
No quedaban palabras
en mi memoria.

Con los dedos, a tientas,
las fui palpando:
sus ojos enemigos,
sus secos labios,

el mapa señalado,
los hondos cráteres,
corazones escritos
con soledades.

A su fiel prisionero
siempre velando
mis compañeras sombras
de tantos años.

Ellas, que me robaron
la luz de un sueño,
ya no piden rescate
por mi secuestro.

William Carlos Williams - La carretilla roja


tanto depende
de una

carretilla de
ruedas rojas

laqueada de
llovizna

junto a las gallinas
blancas

Aullidos de placer - Mario Trejo


Los 60, gloriosa década, sí. No me la vais a contar a mí, hombre, que la viví acullí y acullá. Pero, los cincuenta? Nadie habla de los cincuenta. En Buenos Aires, contra todo pronóstico, la vida era una gozada. Elena Cruz lo dijo mejor: era una partouze. Los vates nacionales, en cambio, estaban aquerenciados en el tintorro. Aunque ya Fontana y Pérez Morales administraban ácidos, mescalinas y psilocibinas. Había que ir a Brasil.Visite Brasil antes de que Brasil lo visite a usted.
Medio siglo dopo los vernáculos no se han anoticiado. En Sâo Paulo del 51, la Hochschule für Gestaltung estaba en el Instituto de Arte Moderna de Piero Maria Bardi; y en el Largo do Sà, el enorme poeta Milton de Lima Sousa leía todo en todas las lenguas y al sol del mediodía tras tres caipirinhas me presentó a e.e. cummings (y a tantos otros),me dio su casa, su familia y su sanctasanctórum, dónde viví algunos meses. Qué épocas! Todo coronado por la Diosa eslava Irene Ivanovski (Miss Pelotas) e inhalaciones do Carnaval directas al alma. Pero estas son otros trescientos cruceiros. Verdad Drummond?

En Buenos Aires, malgré tout, yerba, discos y libros venían de la mano de Henry Lewy (Calígula de las Dancing Waters, para la secta jazzera) y de Benny Lowderbach, tripulante de la Delta Lines que hizo equipo conmigo y con Michelle (née Elisa) Sorrentino (hija de Lamberti, gran periodista, con frente ruso y Stalag incluídos, y amigo de Curzio Malaparte hasta la muerte). La Sorrentino saltó de Italia a USA con su marido, piloto de guerra que se pegó un balazo apenas regresado a su patria. Luego se casó con Willie Alexander Maxwell, que supo ser bajista de King Cole y terminó como compañero de celda de Dexter Gordon y padre de mi ex mujer, Rochelle Maxwell. Michelle estuvo en todas antes de ser deportada. Aquí fue amada y odiada como Michelle Barbieri. Y a estas fuentes hay que añadir (atención!, homenaje a la Librería Rodríguez y a Pygmalion de Corrientes y San Martín) el New World Writing, donde descubrí Jazz of the Beat Generation, adelanto de On the road. De modo que cuando llegué a París, se abrió todo con Mason Hoffenberg (Candy).Ginsberg iba o volvía de Praga (amigos comunes, chismes, pero sin vernos). Lo mismo pasaría en La Habana. Cuando yo llegué (Crisis del Caribe), Ginsberg ya había sido expulsado por decirle a un micrófono que había tenido un wet dream con el Che. Recuerdo un salón infinito en Praga que fungía de club de jazz y donde se chupaba hasta que sólo seguían en la brega las checas almodóvar y uno aprovechaba. En el muro, gran foto de Ginsberg; en vivo, un bajo infernal de 16 años que luego sería Weather Report: Miroslav Vitous. Otro puente sobre el Río Beat fue Marc Schleiffer, el más joven, que sucedió a Le Roi Jones en la dirección de Kulchur y con quien compartimos a Maggie, cubana jazzera y Galina ,rusa muy europea y acceso a toda cama, diplomática o no.Con Marc nos volvimos a ver en Beirut, corresponsal de NBC Radio y con rechazante mujer black power. En el Yerushalaim del 67 habían caído `presos. Israel no perdona, pero condesciende, aunque hayas abrazado el Islam. Y con AG, finalmente coincidimos en Boulder,Co.: Summer Program del Naropa Institute. Entre diversos workshops, él daba charlas sobre Rimbaud; MT, sobre The Smoking Ecologist. Joe Richey (The Underground Forest) quería una charla a dúo sobre el sexo en nuestras vidas. No pusimos muchas ganas. De modo que nos dedicamos a recordar lugares y amigos comunes y supe entonces que el valioso material inédito de Mason Hoffenberg (con Couquite Matignon hacíamos la navette entre Piazza Navona y Montparnasse) estaba en una de esas terrenales universidades americanas. La despedida fue de huevos revueltos (por mí) con bacon, pero con un sabrosón café nicaragüense, mientras poníamos a punto la traducción que habían inventado mis alumnos sobre Conversación galante, de nuestro bienamado Nicanor Parra. En esa línea donde le urgen a chupar las tetas, AG prefirió a mi Is now or never una suya mucho más mejor. Con su Leica me sacó las mejores. Que nunca tuve necesidad de ver. Pero si ganas. Todavía.
El Gran Ciego recuerda que alabar y denigrar son operaciones sentimentales que nada tienen que ver con la crítica. Yo llevo bajo mi piel a Blaise Cendrars, manco capaz cuyo Transsibérien rasga la noche anunciando la llegada de Howl. Ambos están de gira. On the road. Para siempre. Y el Vecino de Arriba observa. Observa.

Mario Trejo

Mi triste yo - Allen Ginsberg


A veces cuando mis ojos están enrojecidos me subo a lo alto del edificio de la RCA
y observo mi mundo, Manhattan—
mis edificios, calles en las que he hecho
proezas,
buhardillas, camas, pisos de agua fría —abajo en la Quinta Avenida, que también tengo en mente,
sus coches hormiga, pequeños taxis amarillos hombres que
caminan del tamaño de motitas de
lana—
Panorama de los puentes, amanecer sobre la máquina de Brooklyn.
el sol poniéndose sobre New Jersey donde yo .
nací & Paterson donde jugué con las hormigas—
mis amores más tarde en la calle 15,
mis amores mayores del Lower East Side, mis una vez fabulosos amours en el Bronx
lejanos—
caminos que se cruzan en estas escondidas calles, mi historia resumida, mis ausencias .
y éxtasis en Harlem—
—sol brillando sobre todo lo que poseo
en un parpadeo hasta el horizonte en mi última eternidad—
la materia es agua.
Triste,
cojo el elevador y parto
hacia abajo, pensativo,
y camino sobre los pavimentos mirando fijamente el escaparate de todos los hombres,
caras,
preguntando por aquel que ama
y me detengo sorprendido
frente a un escaparate de una tienda de
coches
el tráfico se mueve arriba & abajo
recorriendo los bloques de la
5.a Avenida
detrás de mí
esperando un momento en que
Hora de irse a casa & hacer la cena & escuchar las
románticas noticias de guerra en la radio
...todo el movimiento se detiene
& yo camino en la intemporal tristeza de la existencia,
con la ternura que fluye a través de los edificios,
las puntas de mis dedos tocan la cara de la
realidad,
mi propia cara surcada de lágrimas reflejada en
el espejo
de alguna ventana—al atardecer—
donde no tengo deseo alguno—

de bombones—o de poseer los trajes o las pantallas japonesas de la comprensión
Confundido por el espectáculo a mi alrededor,
Hombre forcejeando calle arriba
con paquetes, periódicos,
corbatas, hermosos trajes hacia su deseo
hombres mujeres, fluyendo sobre el pavimento
luces rojas registrando acelerados relojes &
los movimientos del bordillo—
Y todas estas calles guiando
tan torcidamente, bocinantemente, largamente,
por avenidas
con altos edificios siguiéndoles la pista o incrustados
en barrios bajos
a través de un tráfico tan inseguro .
coches y motores aullantes
tan dolorosamente a este
campo, este cementerio
este silencio
en el lecho mortuorio o montaña una vez visto
nunca recuperado o deseado
en la mente por venir
donde todo el Manhattan que he visto tiene que desaparecer.

NY 1958

(Allen Ginsberg, "Sandwiches de realidad", ed. Visor, traducción Antonio Resines)