
De todas cuantas cosas
se mueven en el globo,
y me estoy refiriendo al Mar Caribe,
a los trenes de mercancías,
al mercurio de los termómetros,
al índice Down Jones
y a Ladislao Kubala,
no hay nada más hermoso
ni que más me complazca
que esta muchacha exótica,
atrapada en un biceps de colores,
con corona de flores y su canción rayada,
loca por dar un salto y repetir “Aloha”
a la marinería americana
y todos los tahúres de Las Ramblas
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