
Si, ya se. Sietecase, el de la radio y la tele. Pero no. No hay caso, señora. Sietecase es Sietecase. Completito, con tomate, lechuga, jamón, morrones. Y Campari, por supuesto. Vea usted: Sietecase, hace algo más de 20 años escribe y vive, que es lo mismo. Si, dirá usted. “Yo lo leía, en Página y Rosario 12, y ahora lo leo en Crítica”. Pero fíjese señora, revuelva en Corrientes, en esas hermosas librerías que aún subsisten, y pida, sin miedo “Cierta curiosidad por las tetas”, “Instrucciones para la noche de bodas”, “Fiesta Rara”. Seguro que el librero la entiende. Me confieso: Yo también lo conocí por los medios modernos. Pero el libro, ese medio clásico, me lo dio a conocer de otra manera. Lo leí, como se lee a un amigo que todavía no es pero que se sabe que será. Y me conmovió. Ese tipo hablando sin vulgaridades, con musicalidad, y con pasión, del culo, de las tetas y, por supuesto, de la mujer más deseada (la del prójimo). Y claro, no es para menos, un día lo contacté, para hacerle una nota para una revista que, por falta de fondos, nunca salió. Y con la energía de quien se siente poeta me dijo: Claro, pasate por la radio. Y con un amigo fuimos juntos a entrevistarlo. Y después, la amistad de quien se sabe en esencia, similar. Porque la charla anduvo pro sus libros más viejos, y los más nuevos (Hay que besarse más, Un crimen argentino, y Pendejos) pero anduvo en realidad por la vida, por el espíritu del poeta. Y el, con su espíritu desinteresado, escribió la contratapa de mi primer libro y me presentó a su amigo, el mítico poeta Mario Trejo (hoy otro padre para mi). Si, señora, Sietecase. Ya se que lo leía en Página y Rosario 12, y que ahora lo lee en Crítica. Pero le repito. Revuelva en Corrientes, en esas hermosas librerías que aún subsisten, y pida, sin miedo “Cierta curiosidad por las tetas”, “Instrucciones para la noche de bodas”, “Fiesta Rara”. Y sino vaya a alguna más moderna y pida los nuevos, igual de buenos. Seguro que el librero la entiende. ¿o no?